Tocan Diana (queden con Dios)

El candidato/i.c
El candidato / i.c

«Después de 13 años en que sonó para mí el toque de retreta, ahora ha sonado el de diana, el que obliga a ponerse en marcha. Tocan diana. Tocan servicio»

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ

El 26 de octubre de 2006, va para trece años, el periódico HOY me publicó un artículo al que puse como título 'Tocan retreta'. Anunciaba entonces mi retirada de la vida política y dejaba claro que no haría determinadas cosas: por ejemplo, renegar de esa actividad por la que transité sin arrepentirme ni avergonzarme. De la que nunca abdicaría porque entendía lo político como «participación activa en lo social». Sostenía asimismo que, «por si el día de mañana (nunca digas nunca jamás) se tercia regresar, para estar en política me resultó muy útil tener las espaldas cubiertas». Y que no me aburriría: «leer, escribir, observar, seguir de cerca la evolución de tu pueblo, ver el mundo a través del socorrido Internet, bucear en los entresijos de la Historia. Todo menos el dolce far niente». Y me reafirmaba en mis convencimientos: el ciudadano es el centro del trabajo político; la validez de la Constitución, «que proclama una economía social de mercado, esto es, un liberalismo atemperado»; que «los partidos se hicieron para las personas, no las personas para los partidos»: todo lo contrario de lo que exigen los totalitarismos de todo signo; que creía –como sigo creyendo– «en los políticos de verdad, en los que andan por la superficie, no en los que se desentienden de todo para buscar su propio cobijo y suben ágilmente por las ramas ni en los que reptan por las alcantarillas». Y, muy importante para mí, manifesté mi fe en España y en nuestra Monarquía: «a ellas, como ciudadano, no como súbdito, expreso mi más profunda y humilde lealtad. Creo, ante todo, en la libertad. Sobre todo, la libertad. Nada hay sin ella». Rematé las líneas afirmando que el tránsito por la política «nos habrá llenado de barro las botas, pero no el corazón», y, como corolario, dejé dicho: «han tocado retreta, no silencio». Evidentemente, los términos cuarteleros no son hoy demasiado conocidos para los ciudadanos más jóvenes. Empero, bastará explicar que la retreta, la retirada, precede al silencio, que es cuando en la vida del cuartel se apagan las luces y todo el mundo está convocado al sueño. Me retiraba, pero no abdicaba ni de ideas, ni de actividad ciudadana, ni de la pulsión que había surgido en mi por investigar y ahondar en algunas cuestiones de la historia local. Con el tiempo, acomodado en actividades que me depararon grandes satisfacciones, eso que llaman «el gusanillo» de la participación política quedó más que enterrado. Pero, sin esperarlo, sin pretenderlo, sin buscarlo, sin solicitarlo, sin desearlo, sin soñarlo, he aquí que un buen día me proponen volver quienes representan la ideología que siempre he profesado. Antes me lo han ofrecido otras formaciones políticas, en algún caso por dos veces. Siempre me negué. Y he aquí que me he resistido porque no quería renunciar a otros proyectos, a otra forma de vida. Y, quizá porque uno es débil, al final cedí. Eso es todo. Han pensado en mí como podrían haberlo hecho en otros con mejores cualidades que un servidor. Lo agradezco profundamente porque es un halago y un alto honor trabajar por alcanzar, si el pueblo lo desea, la alcaldía de una de las ciudades más importantes de Extremadura. Ofreceré mi trabajo, mi compromiso y mi leal saber y entender para trabajar por los ciudadanos, porque, además, creo que haciéndolo como sé (con moderación, sin abrir frentes, sin cavar trincheras, sin minusvalorar al adversario, sin considerar que quienes no piensan como yo son enemigos) pongo mi modesto grano de arena para la construcción de una España mejor. Hace casi trece años tocaban retreta. Nunca escuché el toque de silencio. Ahora ha sonado el de diana, el que obliga a levantarte, el que te pone en marcha, el que hace que todos los engranajes vuelvan a movilizarse. Tocan diana, tocan servicio. Y, correlativamente, tengo que dejar a un lado actividades muy, muy queridas. Es lógico. Para evitar que el Foro Zafrense pueda resultar influido por los vaivenes políticos me hago a un lado: eso sí, nunca lo abandonaré. Para no comprometer la neutralidad informativa de HOY Zafra (al que tan agradecido estoy), les dejo el hueco de esta página para que lo ocupe quien la dirección del periódico determine que debe hacerlo. Ya saben quienes me conocen que el periodismo es una de mis vocaciones frustradas. Aquí me he aproximado a ese oficio, sin jamás pretenderme periodista, a través del amado género del artículo de opinión. Créanme que les echaré de menos. Les agradezco de corazón la atención que, como lectores, me han prestado durante todo este tiempo. Es muy gratificante cuando alguien te dice que te lee. Espero volver a tener la ocasión, algún día, de retomar tan querida actividad. Entre tanto, queden ustedes con Dios. Hasta siempre.