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De custodiar objetos a preservar la memoria de quienes nos cuidaron: El Museo de Historia de la Medicina y la Salud de Extremadura cumple 10 años

Inaugurado el 22 de julio de 2016, se ha consolidado como un referente nacional e internacional gracias a las donaciones, el voluntariado y una intensa labor divulgativa, mientras afronta el reto de garantizar su crecimiento

Hay proyectos que nacen para custodiar objetos y otros que terminan preservando la memoria de quienes nos cuidaron. El Museo de Historia de la Medicina y la Salud de Extremadura, ubicado en la Calle Hermanos Álvarez Guerra, 1, en Zafra, pertenece a este segundo grupo. Sus puertas se abrieron el 22 de julio de 2016 y, 10 años después, ha dejado de ser únicamente un espacio expositivo para convertirse en un referente nacional e internacional, gracias a las donaciones, el voluntariado y una intensa labor divulgativa.

De una exposición temporal al nacimiento de un museo

El origen del museo se remonta al año 2000, cuando una exposición organizada con motivo del cambio de milenio durante los Coloquios Médico-Quirúrgicos en Zafra sorprendió por la extraordinaria respuesta del público. Aquella experiencia convenció al doctor Tomás Cabacas, entonces presidente de estos coloquios, de que existía un patrimonio que merecía conservarse: «En realidad, durante los dos meses de la exposición, nos estaban animando a hacer un museo», recuerda quien ha sido el principal impulsor de este proyecto y exdirector del museo.

A partir de entonces comenzó una labor de recuperación de instrumental médico, documentos, libros y fotografías que se prolongó durante 16 años, y que fue posible gracias a las donaciones de profesionales, hospitales y familias. Pero había que encontrar un edificio que hiciera realidad este proyecto. Tras años de trabajo y de búsqueda de apoyos institucionales, el Ayuntamiento de Zafra cedió el actual edificio y varias empresas participaron en su rehabilitación, haciendo posible la apertura del museo en 2016. Por eso, Cabacas insiste en que no fue «un proyecto de una persona, sino de instituciones», reivindicando el carácter colectivo del museo.

Hoy ese esfuerzo ha convertido al museo en un espacio singular y en uno de los proyectos culturales más originales de la región, ya que en España apenas existen unos pocos museos dedicados exclusivamente a la historia de la medicina abiertos al público.

Una década de crecimiento y divulgación

Pero el crecimiento no se mide únicamente por el número de piezas. En esta década el museo ha aumentado de forma considerable las visitas, tanto nacionales como internacionales, las donaciones y la actividad cultural. Lo que comenzó como una colección permanente se ha transformado en una entidad viva que organiza conferencias científicas, charlas divulgativas, jornadas de puertas abiertas, presentaciones de libros, visitas dramatizadas y exposiciones.

Ese cambio responde al objetivo de acercar la historia de la medicina a toda la ciudadanía. Escolares, universitarios, investigadores, profesionales sanitarios y visitantes de todas las edades encuentran en este museo un espacio donde comprender la evolución de la medicina y la salud, a través de una experiencia cercana y participativa: «Es una entidad dinámica y un espacio abierto para enseñar y ampliar los conocimientos sobre medicina y salud», afirma Maite Calderón, actual directora del museo.

La creación del grupo de guías voluntarios en 2019 marcó un punto de inflexión en la evolución del museo. Su labor ha resultado decisiva para ampliar la actividad del centro y reforzar su vocación divulgativa, ya que acompañan a los visitantes en un recorrido que va más allá de las vitrinas, ofreciéndoles experiencias únicas y novedosas: «Cuando la gente sale del museo diciendo que no esperaba encontrar algo así en Zafra, sentimos que el trabajo ha merecido la pena», resume José María Romero, coordinador de esos guías voluntarios.

Otros logros que han permitido ampliar la difusión de este espacio han sido la creación de la Asociación de Amigos del Museo de Historia de la Medicina y la Salud de Extremadura, la instalación de señales indicativas para facilitar la localización del museo, así como las colaboraciones con diversas entidades e instituciones, como el Ayuntamiento de Zafra, las universidades de Extremadura y Sevilla, la Diputación de Badajoz y colegios médicos y farmacéuticos, entre otras.

El reto de la segunda década: consolidar el museo

Si algo comparten Tomás Cabacas, Maite Calderón y José María Romero es la convicción de que el museo ha superado ya su etapa de creación. El verdadero reto pasa ahora por consolidarlo. Entre las prioridades figura la catalogación e inventario de los fondos que conserva, un trabajo imprescindible para facilitar su incorporación a la Red de Museos de Extremadura, gestionada por la Junta de Extremadura. A ello se suma la digitalización progresiva de las colecciones, la creación de un archivo documental y audiovisual sobre la historia de la medicina en la región, el impulso de proyectos de investigación y publicaciones propias, el intercambio temporal de piezas con otros museos y el desarrollo de exposiciones de mayor alcance.

Los responsables del centro aspiran también a dotarlo de una estructura organizativa estable, con personal suficiente para atender al público, gestionar las colecciones y garantizar su conservación. Asimismo, quieren consolidar una programación permanente que no dependa exclusivamente del esfuerzo del voluntariado ni de subvenciones puntuales, reforzar la página web, desarrollar códigos QR y una app para móviles, mejorar la señalización y ampliar el material divulgativo disponible, entre otros aspectos.

Todo ello requiere, a su juicio, un mayor respaldo institucional. Recuerdan que el museo es de titularidad municipal y consideran que una mayor implicación de las administraciones permitiría garantizar su correcto funcionamiento y preservar un patrimonio científico que continúa creciendo gracias a las donaciones: «Queremos que las instituciones, tanto públicas como privadas, se comprometan con este proyecto. Apoyar este museo es apoyar la cultura y el patrimonio sanitario de Extremadura», reivindican.

Pese a esos desafíos, el balance que han realizado de estos diez años «ha sido muy positivo», destacan. Por ello, este aniversario ha servido también para agradecer el apoyo recibido durante esta primera década y reconocer la implicación de las instituciones que hicieron posible su apertura, de los centenares de donantes que han enriquecido las colecciones, de los investigadores y ponentes que participan en sus actividades, de los medios de comunicación que contribuyen a su difusión y, especialmente, la labor del equipo de voluntarios.

Cada pieza que se conserva entre las paredes del museo no solo cuenta una parte importante de la evolución de la medicina, sino también la historia de las personas que dedicaron su vida a cuidar de los demás. Diez años después de abrir sus puertas, este espacio ha demostrado que la conservación del patrimonio científico puede convertirse en una herramienta de divulgación, investigación y cultura. Su primera década pone de manifiesto que la constancia puede convertir un sueño en una institución. La segunda dependerá de que ese esfuerzo encuentre el respaldo necesario para seguir creciendo y para que las generaciones futuras comprendan, desde Zafra, cómo la historia de la medicina también forma parte de la historia de todos: «Lo que se ha hecho es mucho, pero todavía nos queda un trayecto por hacer», resume Tomás Cabacas, convencido, junto con Maite Calderón y José María Romero, de que la historia del museo está lejos de concluir.

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