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Una conferencia del investigador Luis López-Lago puso el foco en el suicidio en la Extremadura rural

El trabajo analiza una de las realidades más silenciadas de la sociedad y sus principales dimensiones culturales

El profesor de la Universidad de Extremadura e investigador, Luis López-Lago, ofreció el viernes 12 de junio la conferencia titulada 'Mirar al abismo. Historiar el suicidio en la Extremadura Rural (1922-2024)', en el Museo de Historia de la Medicina y la Salud de Extremadura. La ponencia se basó en un trabajo de investigación antropológica e histórica que analiza una de las realidades más silenciadas de la sociedad y pone el foco en la situación de las personas mayores en el medio rural.

Al acto asistieron las concejalas de Bienestar Social e Igualdad y Sanidad, Mercedes Fernández y María del Mar Solera; la directora y el coordinador de guías voluntarios del museo, Maite Calderón y José María Romero; y público en general.

Maite Calderón, tras dar la bienvenida a los asistentes, agradeció al investigador que ofreciera esta conferencia sobre un tema que, a día de hoy, sigue considerándose tabú, como es el suicidio. Por su parte, José María Romero fue el encargado de presentar a López-Lago y de ofrecer unas pinceladas sobre este trabajo de investigación.

A través de un viaje por distintas estaciones, complementado con varias recomendaciones literarias, Luis López-Lago abordó públicamente un fenómeno que durante décadas ha permanecido oculto: «El suicidio es un tema del que poco a poco se está empezando a hablar, pero sabemos que ha sido un tema arrinconado y silenciado», señaló. Tal y como indicó, el entorno rural añade nuevas barreras a esa conversación, debido al peso del estigma, la vergüenza y las estrechas relaciones sociales que caracterizan a estos municipios.

Aunque sigue trabajando sobre este tema, el periodo de investigación más intenso se desarrolló durante seis meses de trabajo de campo en una localidad del norte de Cáceres. Ese periodo le permitió comprender «el entramado de significados, símbolos y construcciones culturales que existen en torno a un hecho tan traumático y tan silenciado como el suicidio», explicó en investigador.

Junto a otras técnicas de investigación, realizó un total de 56 entrevistas semiestructuradas a vecinos y vecinas en relación al suicidio, algo que al principio «no fue nada fácil», pero que poco a poco se hizo posible gracias a la implicación de los mismos.

A lo largo de su trabajo, López pudo comprobar el profundo impacto que estas pérdidas dejan en las familias y comunidades: «Me llamó poderosamente la atención que las heridas se mantienen abiertas durante mucho tiempo», afirmó. Y quiso poner el foco en el gerontosuicidio, es decir, en el suicidio en las personas mayores. Según informó, aparecen varios factores asociados a este fenómeno, como la soledad, el miedo a la institucionalización, la pérdida de las rutinas cotidianas, la enfermedad, el dolor crónico o la pérdida de autonomía: «Nunca hay un suicidio que tenga un solo motivo. El suicidio no es querer morir, es dejar de sufrir y ese sufrimiento suele estar motivado, quizás, por una conjugación de todos estos factores», expresó el investigador.

A modo de conclusión, Luis López-Lago insistió en la necesidad de normalizar el debate público sobre esta realidad, ya que «hablar de suicidio no significa contagiar, no va a provocar efectos de imitación, sino que nos va a ayudar a prevenir». Por ello reclamó una conversación «seria, solvente y guiada por especialistas», que contribuya a generar conciencia y herramientas de prevención.

Asimismo, quiso lanzar un mensaje a las instituciones y a la sociedad en su conjunto: «Tenemos que poner nuestra mirada en la salud mental de las personas mayores en el mundo rural». Además, reclamó más recursos y atención para unos territorios que, según afirmó, resultan fundamentales para prevenir una realidad «tan dolorosa como es el suicidio».

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